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Correr para subir el alma de los que se van

Así se acompaña a quien falleció, en su transición al cielo, corriendo y danzando cuantas veces sea necesario en el año, pues para los ralámuli no hay un Día de Muertos


Mientras los mestizos (chabochis) acuden los Días de Muertos 1 y 2 de noviembre, a los panteones para visitar las tumbas de sus seres queridos, llevarles ofrendas y en ocasiones, hasta grupos musicales que entonen las que fueron sus canciones favoritas; los ralámuli corren.

Correr es más que un deporte, celebra el misterio de vida y muerte, y cuando alguien muere, así acompañan a su alma en su transición al cielo, donde se reúnen con sus antepasados, quienes permanecen observantes de sus tradiciones.

En esa perspectiva tan vinculada con la naturaleza en comunión con la divinidad, para los ralámuli, la vida es un tributo y la muerte también, ambas son naturales, ciclos y no cabe el llanto, sino la ocasión de celebrar un nuevo camino.


Más que un deporte, correr es una celebración del misterio de la vida y la muerte, ambas motivo de celebración

Una visión diferente y no hay por ello, una celebración por el Día de Muertos como tal, sino una ceremonia para festejar la partida de algún miembro y rituales cuantas veces sean necesarios.

En un templo se reúnen para hacer una misa de cuerpo presente, el cual no está en un ataúd sino envuelto en una cobija y junto, colocan agua y pinole, como provisiones para el viaje.

Una vez enterrado, sobre la tumba de piedras, ponen una cruz y de ésta, cuelga el collar del difunto. Bajo la cruz, se sitúan las fajas y los zapatos de la persona para que corra bien. Algún familiar o miembro de la comunidad lo despide y todos se van, a sabiendas de que no volverán a visitar su tumba, pues esa persona ya no estará ahí sino en el cielo, junto con sus antepasados.

Es entonces, cuando toda la comunidad se reúne y celebra una gran fiesta, se comparte comida y tesgüino, pues para evitar el regreso del muerto, es importante dar una hostia y repartir comida, antes de correr el alma al cielo.

Después, hombres y mujeres corren, impulsando a esa alma, ya que si hay luces nocturnas, pájaros iluminados o piedras extrañas, será imposible que suba y por ello, se le acompaña.

Se describen como convivios felices, festejando el nuevo caminar de la persona y a su vez, ayudándole a continuar, llenos de humor y recuerdos, lanzando cosas de la persona al aire y al barranco, para que no quede nada que no le permita avanzar, así danzan y vuelven a correr para ayudarlo a llegar hasta arriba, pues según sus creencias, si no lo hace, merodeará en la tierra y causará enfermedades.

De hecho, al morir una persona se lleva a cabo una práctica de purificación y se celebran tres fiestas de funerales si el difunto fue hombre y cuatro, si fue mujer. En éstas, se bailan el duturubi, los matachines y la pascola.

Un ritual que se realiza varias veces durante el año, sin un día festivo en especial, ya que para los ralámuli muchos días del año son días de los muertos. (Con información de la revista México Desconocido)

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