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Home Office, una buena y una mala

Obligó la pandemia a visibilizar la importancia del trabajo en casa, que ya está incluido en la LFT pero no ha entrado en vigor y se advierte urgente


Faltan los detalles: Y si el empleado se enferma, qué sería un accidente de trabajo, quién aporta los equipos tecnológicos, las cargas laborales ‘sin horario’…

Aun cuando pareciera que el coronavirus ya se situó en segundo plano, dejó de ser tan mortal, la lluvia de cifras contradictorias emitidas por la Secretaría de Salud sólo logró fastidiar más que concientizar a la ciudadanía y la movilidad urbana aumenta cada día en todo el país; la pandemia sigue su curso y ya le cambió la vida a todo el planeta. No hay vuelta atrás.

En una mezcla de desafío y recelo, desde comerciantes hasta grandes empresarios pugnan por la reapertura y ‘sobre la marcha’ hacer de los protocolos sanitarios, hábitos cotidianos para desarrollar cualquier actividad.

La Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) del gobierno federal emitió su decálogo de operaciones a partir de junio, las dependencias locales tendrán que encargarse de que así se cumpla en los estados y a la población le toca encomendarse cada vez que salga a trabajar.

Sin embargo, un aspecto que enmarcó la contingencia sanitaria es la capacidad real del “home office”, el anglicismo que en la Ley Federal del Trabajo (LFT) se incluyó desde el año pasado, definiéndolo como teletrabajo.

Más allá de la alternativa o una opción viable, para las empresas ese mecanismo fue un salvavidas para transitar durante poco más de dos meses y mantener cierta operatividad para permanecer en el mercado.

Ya no se trata de trabajadores independientes (freelance, acorde con el término anglicista) que laboran por su cuenta sin un horario fijo en la empresa pero también, sin prestaciones y cobrando por honorarios, lo cual provoca que absorban directamente la carga tributaria si es que están dados de alta.

La buena es que en la LFT se agregó el capítulo del teletrabajo desde junio del año pasado, la mala es que no ha entrado en vigor.

Según dijo Luisa María Alcalde, titular de la STPS, al inicio de esta semana, el Congreso de la Unión ya trabaja en la regulación, aunque en los hechos aún no hay sesiones parlamentarias ni por teleconferencia. Tanto el Poder Legislativo como el Judicial pararon labores desde finales de marzo pasado.

Y el asunto no es menor, si el teletrabajo puede contener en parte el desempleo masivo al abaratar costos para el patrón y obtener resultados tan efectivos como si el trabajador estuviera en la oficina, además de alcanzar el objetivo de salud pública.

Del dicho al hecho, aún muchas dudas

Un año tardaron las comisiones de la Cámara de Diputados en ponerse de acuerdo para aprobar la modificación del artículo 311 de la LFT e incorporar el capítulo de teletrabajo, así como las obligaciones y derechos de colaboradores y empleadores en junio de 2019.

Al definirlo, se estableció que es aquella actividad que se realiza mediante el uso de tecnologías, “desde la casa del empleado o en un local libremente elegido por él, sin vigilancia ni dirección inmediata de un jefe”. Se precisó también que no es lo mismo que un ‘freelance’.

De acuerdo con diputados y senadores, con esos cambios, los trabajadores podrán hacer uso de los beneficios del ‘home office’ amparados por la ley en cuanto a igualdad de trato, remuneración, capacitación, formación, seguridad social, acceso a las mejores oportunidades laborales. Igual que cualquiera que labora en la oficina.

A partir de ello, debía emitirse la regulación para su incorporación total a la LFT y entonces el Poder Ejecutivo tiene un año para crear una Norma Oficial Mexicana (NOM) que reglamente la figura y conformar una red nacional de fomento del teletrabajo, que promueva esa figura para contratar también a personas con discapacidad, madres solteras, adultos mayores y jóvenes.

Lo anterior en el contexto de horarios más flexibles y que pueden compaginarse con aquellas personas que tienen dificultad para desplazarse o no tienen con quien dejar a sus hijos pero son productivos y capaces.

No obstante, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha señalado que esa premisa es relativa, ya que se ha detectado que quienes trabajan en casa, acaban por invertir más tiempo y los patrones no distinguen las cargas laborales en aras de que “no hay horario”.

De ahí, la importancia de una regulación que describa a detalle las obligaciones de ambas partes. El patrón por ejemplo, debe dotar del equipo de tecnología y las condiciones de servicio para que la persona pueda desempeñarse y esto conlleva a su vez, a la responsabilidad de cuidar esa infraestructura, es decir, la custodia de esos insumos por parte del empleado.

Surgen más dudas, cuándo considerar abandono de trabajo o incumplimiento del contrato por parte del trabajador. Esto es, delinear un procedimiento de solicitud, supervisión y entrega del trabajo.

Incluso, contemplar que si el empleado se enferma, la atención médica debe estar amparada, así como el trámite de una incapacidad ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Asimismo, explicar qué se entenderá como accidente de trabajo.

No obstante del acuerdo alcanzado entre las comisiones legislativas, se planeaba llamar a la titular de la STPS para consensuar las precisiones, pero llegó la pandemia del COVID-19 a territorio nacional y la iniciativa se quedó en el cajón.

Influyó además, propuestas paralelas de partidos como el Verde Ecologista para modificar los artículos 58, 59 y 61 de la LFT, que permita “flexibilizar” las relaciones obrero-patronales y que en resumen, se refieren a la obligación patronal de que un día a la semana, el trabajador labore desde casa, así como estructurar horarios escalonados.

Habría que preguntarle a Colombia

El mercado laboral no será el mismo, se ha expuesto en todos los frentes de análisis pero si una región enfrenta el reto de adaptarse es América Latina, ya que las tecnologías de la información todavía se desarrollan en un ambiente nuevo, pujante sí y acotado, también.

Persiste una resistencia patronal no sólo a incorporar la figura del teletrabajo sino ampliarla en las estructuras de las empresas, sin embargo, el coronavirus ya dejó una lección que llegó para quedarse.

Acorde con un análisis del ‘home office’ en la región, Laura Ripani, especialista principal en la División de Mercados Laborales del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el trabajo remoto es una gran promesa de crecimiento en materia de productividad, inclusión social en este preciso momento, una valiosa aportación a la salud pública y hasta el medio ambiente.

En su artículo “Coronavirus: un experimento de teletrabajo a escala mundial”, Ripani asegura que en el Latinoamérica, Colombia es el país más avanzado en la regulación del ‘home office’, con reglas claras, monitoreo y generación de información sobre la aceptación y uso en el país.

Otras naciones que también tienen legislación específica son Brasil, Costa Rica, Ecuador, Perú y Jamaica. Mientras en México, falta el último trecho.

Según recientes declaraciones del presidente de la Comisión del Trabajo en la Cámara de Diputados, el pesista José Manuel Baldenebro, entre los ajustes y las revisiones, el ir y venir de la Cámara de Diputados al Senado, se prevé que la ley del teletrabajo quede lista para septiembre próximo. (Con información de Factor Capital Humano, El Economista, La Razón y Consejero Empresarial www.coem.mx)

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