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¿Kibutz en Chihuahua?

En aras de impulsar la economía social y solidaria, exponen el modelo israelita con valiosas experiencias replicables en el estado


Prácticamente en la misma latitud, con un clima similar y han hecho de Israel, un vergel…

Israel cabe 10 veces en Chihuahua, ambos están relativamente en la misma latitud y el clima es también similar: árido, poca agua y caluroso. Sin embargo, el país de Medio Oriente ha hecho de su territorio, un vergel y su agricultura ha cobrado cada vez más terreno.

Ese potencial en el estado y en todo el país llevó al gobierno mexicano a estudiar desde los años 70, las políticas de producción israelitas, en una época en que México estaba sumergido en el tema de la reforma agraria, combatir los latifundios y empoderar a los campesinos con el lema de que la tierra es de quien la trabaja. A la fecha, la tutela de las tierras sigue en una pantanosa definición y todas las actividades primarias sin desarrollarse en pleno.

De ahí que no se trata de los recursos naturales ni depende solamente del dinero, sino de la organización en el trabajo y el respaldo gubernamental en función de ello.

Ese aspecto es el que Marcelo Schottlender abordó en su conferencia “Experiencia del Estado de Israel en Cooperativismo y Organización Social para la Producción Replicable en México", durante el Primer Foro Estatal de Economía Social y Solidaria, organizado por la Secretaría de Innovación y Desarrollo Económico, así como la de Desarrollo Social, y la asociación civil Programa de Desarrollo y Calidad de Vida (Prodecavi).

En el marco de ese evento que se llevó a cabo los días 14 y 15 de junio pasados en la Universidad La Salle y la Facultad de Ciencias Agrotecnológicas de la UACH, se destacó la importancia de poner rostro social a la economía, lo que conlleva a impulsar con financiamiento a las cooperativas para que el gobierno deje de absorber la tutela de empresas y canalizar recursos sin objetivos claros.

En su lugar, sí adoptar un papel solidario para promover la producción y respaldar las iniciativas sociales, que detonen la derrama económica en las poblaciones, ante lo cual el Gobierno del Estado comprometió una cartera de 110 millones de pesos en apoyo de proyectos de cooperativismo y economía social en Chihuahua.


La receta israelita

Israel es actualmente la cuarta economía de Medio Oriente, después de Irán, Arabia Saudí y Turquía.

A siete décadas de su fundación, se distingue por exportar productos y servicios de tecnología, medicamentos, industria bélica, alimentos y productos pecuarios. Último renglón en el cual, se trata en ocasiones de productos que no son originarios de su región pero se debe al impulso de la agroindustria.

Por otra parte, se debe a la forma de trabajar a través de estructuras llamadas kibutz, moshav y moshav shituf.

De acuerdo con la Biblioteca Sefarad, el modelo de kibutz se asienta en empresas comunitarias, que “a diferencia de una cooperativa clásica, los kibutz parten del principio de la nacionalización de las tierras, poseen un elevado nivel de actividad colectivizada, ejercicio de una democracia más directa (asambleas) y no se contrata a empleados, no hay asalariados y los ingresos se distribuyen equitativamente”.

En función de ello, el gobierno quita del mapa los problemas agrarios por la tenencia de la tierra y se concentra en reforzar los aspectos de organización.

Los moshav son cooperativas privadas, que suelen asentarse en poblaciones rurales con posibilidades de expansión y sí contrata empleados, por lo que los ingresos se distribuyen conforme a la inversión de cada miembro. Se integra por granjas familiares, cada una se administra en forma individual y se ocupan de la explotación de sus propios campos.

Mientras que en los moshav shitufí se incorporan elementos de las otras dos estructuras. Del primero toma el concepto de propiedad colectiva de los medios de producción (tierra, agua, maquinaria y equipo) y el trabajo colectivo, pero los ingresos se distribuyen equitativamente y separan una parte para la asociación, de manera que se pueda utilizar para financiar nuevas inversiones y la prestación de servicios.

Hoy en día, esas organizaciones son motores del desarrollo económico israelita, al producir el 40% de la agricultura y el 9% de productos industriales.

De ahí, el interés –según se destacó en el foro— de evaluar alternativas, analizar proyectos ya implementados y buscar la manera de aplicarlos en la entidad, donde ya ha venido trabajando con esquemas similares las comunidades menonita y mormona, además de asentamientos indígenas en la Sierra Tarahumara.

El reto, coincidieron los especialistas, es que no sólo se emprenda en ciertos grupos sociales sino tratar de convertirlo en una política de trabajo en todo el estado. Por ello, se creó en 2017 la Dirección de Economía Social y se etiquetaron recursos para impulsar las empresas sociales y cooperativas solidarias.

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