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¿La filantropía del crimen organizado?

Según el presidente son casos aislados porque ahora la sociedad tiene esperanza, pero la creciente repartición de narco-despensas expone otra cosa


Con la imagen de Bin Laden se entregaron bolsas de productos en Santa Bárbara, Chihuahua, así como en muchos estados, mientras los homicidios están en su nivel más alto

¿Será posible conciliar el terrorismo con la solidaridad? ¿Con una mano se ayuda y con la otra se ataca? Es suficientemente contrastante para convertirse en noticia que los narcotraficantes envíen cuadrillas a recorrer los barrios pobres y entregar despensas por cortesía de algún capo según la región. La filantropía del crimen, le llaman sociólogos y analistas.

La pandemia del COVID-19 no ha sido la excepción, a lo largo de todo el país se ha difundido en redes sociales desde hace una semana, las imágenes de sujetos encapuchados y armados, quienes se toman fotografías con personas de escasos recursos, a quienes reparten despensas.

El fin de semana pasado así ocurrió en el municipio de Santa Bárbara, Chihuahua, donde supuestos integrantes del Cártel Gente Nueva con vestimenta táctica y fuertemente armados distribuyeron despensas en bolsas transparentes, que tenían la imagen estampada de Osama Bin Laden, el ex líder de la red terrorista Al Qaeda.

Similar ocurrió en Tamaulipas, donde comandos entregaron cajas rotuladas con “Cártel del Golfo en apoyo a Ciudad Victoria, señor 46, Vaquero”… Contenían arroz, frijol, aceite y latas.

También se publicó un video e imágenes, donde pistoleros de la Familia Michoacana en camiones monstruo refieren que se dirigen a Zirándaro para llevar comida y enseres domésticos, a quienes no han recibido ayuda del gobierno, sobre todo adultos mayores.

Igual miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación mostraron un convoy de 17 camionetas, que acudió a la ciudad de Valparaíso, para llevar despensas.

Todo ello después de que Alejandrina Guzmán, publicara en su página de Facebook el 16 de abril pasado, que entregaría despensas en la ciudad de Guadalajara.

Las cajas fueron rotuladas con el rostro del exlíder del Cártel de Sinaloa, Joaquín “el Chapo” Guzmán, el logotipo de la marca Chapo 701 y una carta firmada por Alejandrina.

Pero de “filantrópico” tiene nada para el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien llamó a los criminales a dejar de cometer “malandronadas”, en lugar de dar despensas, pues eso ya no se necesita y ahora, es decir desde que él gobierna la República, las narco-despensas son casos aislados.

El 21 de abril pasado, el Jefe del Ejecutivo declaró que “en lugar de repartir despensas, las organizaciones del crimen organizado deberían bajarle a sus malandronadas, pues en el gobierno estamos trabajando para encontrarles nuevas opciones de vida”.

Este día López Obrador retomó el tema, a propósito de que en más estados como Veracruz, San Luis Potosí y Zacatecas aumenta el reparto de narco-despensas.

“La entrega de despensas por parte de criminales es muy aislado porque la gente está siendo atendida, no sólo porque los jóvenes ya tienen trabajo en el programa ‘Jóvenes Construyendo el Futuro’, o existen las pensiones. No sólo por eso, sino porque la gente tiene esperanza y la esperanza es una fuerza muy poderosa y cree en que podemos salir adelante”.

Más miedo a las balas que al virus

Esperanza que aún no se refleja en las cifras de homicidios en el territorio nacional. Según del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), entre el 1º de diciembre de 2018 y el 30 de marzo de 2020 hubo 40 mil 498 carpetas de investigación por crímenes violentos, un promedio de 2 mil 531 por mes o 84 casos diarios.

De hecho, ese informe dado a conocer en días pasados, reveló que marzo de este año ha sido el mes más violento de la actual administración, al menos hasta ahora, al registrar 2 mil 692 homicidios, colocando como los estados más violentos del país a Guanajuato, Estado de México, Baja California, Chihuahua y Michoacán.

Sin embargo, el informe proporciona otro dato, el repunte de las extorsiones a comercios, lo cual se ha incrementado precisamente a propósito de la emergencia sanitaria por el COVID-19.

Y es que entre los paradigmas del mundo criminal, además de repartir despensas a quienes más lo necesitan y no han recibido ayuda alguna de los gobiernos, los narcotraficantes presumen que darán palizas a quienes violen la cuarentena y ‘castigarán’ a los comerciantes que se nieguen a cerrar.

Además, como se evidencia en las cifras de asesinatos, continúan defendiendo sus ‘plazas’ territoriales y matando a sus adversarios, lo cual ha reducido la movilidad urbana, más por el miedo a las amenazas de esos grupos criminales que a las disposiciones emitidas por el gobierno.

Del terror al clientelaje

No es la primera vez que narcotraficantes se muestran altruistas en Chihuahua ni en todo México.

De acuerdo con un análisis de Expok News (https://www.expoknews.com/en-verdad-ayuda-la-filantropia-del-crimen-organizado/?omhide=true), en 2013 el Cártel del Golfo, repartió alimentos a los damnificados del huracán Ingrid.

Ismael “El Mayo” Zambada, señalado como actual líder del Cártel de Sinaloa, regalaba cerveza y dinero en las fiestas de El Álamo, su pueblo natal ubicado en Sinaloa.

Servando Gómez, La Tuta, exlíder de Los Caballeros Templarios en Michoacán, daba dinero en efectivo en muchos poblados que negaban su presencia ante las autoridades.

Heriberto Lazcano, “El Lazca”, jefe de Los Zetas, financió la construcción de un templo católico en el estado de Hidalgo en 2010.

Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, en los años 90 en Sinaloa pagaba las operaciones médicas de personas de escasos recursos.

En 2017, decenas de cajas con donativos, a nombre del cártel “Gente Nueva del Tigre”, fueron dejadas en Cuauhtémoc, Chihuahua para las víctimas del terremoto del 19 de septiembre.

Acciones que para Felipe Gaytán Alcalá, profesor e investigador en Sociología de la Universidad La Salle, se realizan para mantener la lealtad de las personas, sobre todo cuando se vuelven prestamistas.

Con las despensas, subraya el especialista, revaloran su papel en las comunidades para que se les aprecie como una organización necesaria en la región, crean también clientelismo político y control de las autoridades locales y les permiten convertirse en la autoridad moral local.

Así, sus beneficiarios olvidan sus asesinatos, masacres, desapariciones, secuestros y torturas.

El catedrático cita que diversas investigaciones han documentado que los sectores jóvenes más pobres aprecian al narcotraficante como el éxito financiero y lo idealizan rodeados del glamour entre dinero, poder, fama y mujeres.

“La apropiación de la agenda social en los sectores más vulnerables de la población, sólo será contrarrestada por apoyos directos de los órdenes de gobierno”.

Gaytán Alcalá lo enmarca así, al destacar que las organizaciones sociales y fundaciones privadas no tiene los dineros o alcances ni del gobierno, mucho menos de la delincuencia organizada.

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