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Por 21 gramos de felicidad para salir de la crisis en México

Ante los magros resultados del PIB, el gobierno federal se propone tumbar al índice líder por otro que mida el bienestar del alma


Chihuahua ni tan feliz, ni todo lo contrario, según los indicadores que ya realizan desde 2014, el INEGI y “México ¿Cómo Vamos?”

Desde aquella sentencia de que el pueblo de México es feliz, feliz, feliz, hasta la intención de sustituir el Producto Interno Bruto (PIB) como el máximo indicador para evaluar el crecimiento de la economía, reemplazándolo con la medición de la felicidad y luego, del bienestar del alma, toda esa reflexión en cuestión de 9 meses, el presidente Andrés Manuel López Obrador abrió una puerta que habrá que ver si está dispuesto a no cerrar.

Para Jonathan Heath, subgobernador de Banco de México (Banxico), adelante con la iniciativa de medir la felicidad de la población y, “¿por dónde empezar? Acudiendo al INEGI, que ya lleva varios años con el tema. Pero dejar de calcular el PIB, nunca”.

https://twitter.com/JonathanHeath54/status/1263606460509851648?s=20

La publicación del funcionario sobre el tema en su cuenta de Twitter, el 21 de mayo pasado, subraya que hay ningún hilo negro al respecto; desde hace más de una década se viene trabajando sobre el tema, medir la satisfacción de las necesidades básicas y complementarias de los habitantes, más allá de los datos absolutos de la producción que refleja el PIB.

Lo cierto es que en este preciso momento, ante una pandemia y los efectos económicos que ha generado y los que vendrán, todos los países se replantean cómo enfrentar la crisis, que han calificado tanto o más grave que la época de la postguerra mundial.

Aun cuando el Jefe del Ejecutivo destaque que para México, el COVID-19 le cayó “como anillo al dedo”, las expectativas son funestas: Una previsión de la caída del PIB del 6 al 10%, un millón de desempleados y más de 10 millones de pobres (https://www.clickchihuahua.com/post/más-de-10-millones-de-pobres-tras-la-pandemia-y-en-chihuahua).

Y el coronavirus no tiene la culpa, al menos no toda. El país entró al escenario de la pandemia con una economía en pleno retroceso, tras cerrar 2019 con nulo crecimiento (0.5%) y al primer trimestre de este año retroceder 2.4%, de modo que el “anillo”, al cual emula el presidente, acabó de estrangular la circulación del “dedo”.

“Tan bien que íbamos”, subrayó López Obrador, para iniciar esta semana, después de que el viernes pasado abriera el debate a sustituir el PIB por un indicador que mida la felicidad, tras lo cual sostuvo que (el PIB) sí se quedaría debido a las relaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) pero no será el único método para tomar el pulso de la economía nacional.

Ayer dijo que su nuevo indicador de desarrollo económico medirá el bienestar del alma y la felicidad.

“Se está formando un equipo multidisciplinario para la definición de este nuevo parámetro, le vamos a preguntar a la gente no sólo sobre la cuestión material sino sobre otros factores, también bienestar del alma, crecimiento pero justicia, crecimiento pero democracia, crecimiento con bienestar, para qué queremos un crecimiento con dictadura, sin libertades, se requiere que haya crecimiento con bienestar, se decía claramente antes, progreso sin justicia es retroceso”.

Perfecto, que me pregunten si me hace feliz no poder salir a la calle sin estar cuidándome de que no me asalten, que me pregunten si mi alma está tranquila cuando no sé ni cómo voy a llegar a fin de mes porque no me alcanza, adelante que me pregunten si me encanta vivir con el Jesús en la boca porque la violencia no alcance a mis familiares y amigos… Algunos de los testimonios vertidos en las redes sociales de Facebook y Twitter, a propósito de la felicidad que habla el presidente.

Un día después, el sábado pasado, de la propuesta de AMLO sobre su índice de bienestar, se dio a conocer que el gobierno chino anunció la intención de medir la felicidad para que el PIB no sea el único parámetro, a propósito de la forma en que enfrentarán el saldo de la pandemia, nada más que aparte, se informó que se reducirán impuestos a las empresas, aumentará el apoyo financiero para operaciones comerciales, explotará aún más su amplio potencial de mercado y aprovechará el gran volumen de su mano de obra, todo con tal de enfrentar la crisis económica derivada del COVID-19.

Sin entrar en esos detalles, el gobierno mexicano sólo hizo eco de una parte del debate internacional para recurrir a mecanismos que eviten la multiplicación exponencial de la pobreza.

Hay de índices a índices…

No hay especialista económico que rechace esa medición alternativa.

“Hay un consenso internacional para medir la felicidad y el progreso de las poblaciones, la mayor influencia proviene de la Comisión Stiglitz-Sen-Fitoussi: Medición del desempeño económico y el progreso social”, abundó en su publicación, Jonathan Heath.

En referencia al indicador desarrollado por los premios Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, en 2001 y Amartya Sen, en 1998 así como el líder intelectual del Neón-keynesianismo, Jean Paul Fitoussi.

Desde 2007 trabajaron en ello, a petición del presidente francés Nicolás Sarkozy para proponer alternativas de evaluación a ese patrón universal inamovible, creado luego de la Segunda Guerra Mundial, que es el PIB. Dio frutos en 2016 con “Quality of Life Indicators” (Indicadores de Calidad de Vida), hoy empleado en la Unión Europea.

De hecho, el primer país del mundo en cambiar la tradicional medición del PIB por el de Felicidad Nacional Bruta (FNB), fue Bután en 2014, aunque tardó 7 años en desarrollar los parámetros: La conservación del medio ambiente; el desarrollo socioeconómico sustentable y equitativo; la preservación y promoción de la cultura, y el buen gobierno.

Aspectos de ambas iniciativas, que retomó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2012 para hacer su propia fórmula y medir el bienestar de los pueblos con el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que evalúa el acceso a vivienda, salud, educación y seguridad pública. En 2019, México se colocó en el lugar 76 y Estados Unidos en el 15. En los primeros lugares están Noruega, Suiza e Irlanda.

Por otra parte, Naciones Unidas creó el Índice Mundial de Felicidad –que incluye al PIB—, mide esperanza de vida, generosidad, apoyo social, libertad y corrupción, que el año pasado encabezaron Finlandia, Dinamarca y Noruega; México quedó en el lugar 24, EU en el 19, China en el 93 y Venezuela en el 108.

Hoy en día, hay una amplia gama de indicadores. Por ejemplo, el Índice de Felicidad Planetaria (HPI, por sus siglas en inglés), elaborado por la Fundación Nueva Economía y que en agosto de 2019 situó a México como el segundo país más feliz del mundo. De ahí vino, la frase del “pueblo es feliz, feliz, feliz”.

No obstante, la estadística oficial del Informe Stiglitz-Sen-Fitoussi es el que goza de mayor reconocimiento porque no sólo lo mide, sino compromete a los gobiernos a hacer los ajustes enfocados en los requerimientos de sus poblaciones.

La fórmula simple: A mejor PIB per cápita, más felices

A petición de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) formuló el Índice de Bienestar Subjetivo (BIARE), que se basa en la metodología de la Comisión Stiglitz-Sen-Fitoussi.

A partir de 2014, comenzó a evaluar vivienda, PIB per cápita, igualdad económica, trabajo, comunidad, educación, participación ciudadana, salud, seguridad, balance vida-trabajo y bienestar subjetivo.

En esa primera medición, los estados “más felices” eran Nuevo León, Ciudad de México y Baja California Sur, mientras los “menos” Oaxaca, Guerrero y Chiapas; Chihuahua se posicionó a la mitad, en el lugar 15.

De ahí se han agregado elementos a escrutar como logros en la vida, perspectivas a futuro, vecindario, tiempo libre y buen humor.

La estadística del BIARE Básico que se realiza 2 veces por año, en los resultados a enero pasado, muestran que en una escala de 0 a 10, el promedio de satisfacción con la vida, reportado por la población adulta urbana se ubicó en 8.4, por encima de enero de 2018 con 8.2 y hasta ahora el más alto de toda la serie de observaciones con las que se cuentan.

Visto por ámbitos de satisfacción, las relaciones personales mostraron el mayor promedio (8.7), mientras que dominios de la esfera publica como la satisfacción con el país (6.8) y seguridad ciudadana (5.3) presentaron los menores promedios.

De acuerdo con INEGI, el modulo BIARE Básico acompaña a la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor (ENCO), que llevan a cabo de manera conjunta con el Banco de México en 32 ciudades del país (una por entidad federativa), lo que permite generar indicadores de coyuntura relacionando ambas fuentes de información.

Pero tampoco es la única medición. El colectivo “México ¿Cómo Vamos?” presentó este año, el estudio Índice de Progreso Social (IPS) 2019, el cual evalúa 58 indicadores en tres ejes: Necesidades humanas básicas, fundamentos de bienestar y oportunidades.

En el análisis de la calidad de vida de la población y el nivel de bienestar, los estados con mayor progreso social fueron Nuevo León, Querétaro y Aguascalientes.

En tanto, que los estados con puntuaciones más bajas fueron Oaxaca, Guerrero y Chiapas. De nuevo, Chihuahua se situó en el lugar 14.

El informe de la asociación civil destacó que los niveles de PIB per cápita están estrechamente relacionados con los niveles de progreso, ya que las entidades con menor ingreso, tienen a su vez, el menor desarrollo social.

Se destaca asimismo, que la Ciudad de México está en un sexto lugar por la calificación tan baja en las oportunidades, mientras al Estado de México en la posición 17, le afectó la apreciación de libertad personal y elección.

“Los desafíos más grandes que enfrenta nuestro país para reducir la desigualdad que impera, es el limitado acceso a la educación superior, más los rezagos en la cobertura de necesidades humanas básicas como la vivienda o la seguridad”, destaca el colectivo, que elabora el índice desde 2014.

Así que el planteamiento de medir la felicidad, es añejo; de llevarlo realmente a la práctica, todo es que el gobierno federal consulte lo que ya se ha trabajado a nivel nacional e internacional, sirva para sensibilizarse del pulso social para responder a lo que la población en verdad necesita, reconocer que el crecimiento económico y social no es hoy por hoy una realidad en el país, y si de paso responde con esa iniciativa a definir el “bienestar del alma”, habrán superado las deliberaciones filosóficas que no concretaron ni siquiera pensadores de la talla de Platón o Sócrates.

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