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Son más los que abrazan a los “Ángeles Blancos”

A la enfermera le aplaudió el personal de un supermercado; agradecimientos que se replican a lo largo del país para opacar a quienes los agreden

“Hoy fui a Alsuper saliendo del trabajo, llevaba puesto mi uniforme y cuando llegué a la fila para entrar pude sentir las miradas de algunas personas, en cuanto el guardia se percató de mi presencia, se acercó a mí y me preguntó si era enfermera o doctora, me sacó de onda su pregunta pero igual le respondí, aunque por dentro no pude evitar pensar, “me van a pedir que me retire”, en menos de un minuto me habló y me pidió que pasara a la tienda, sentí bonito al ver que en lugar de discriminar me estaban dejando pasar sin hacer fila”.

Así comenzó su relato la enfermera Luna Bencomo, al publicar el jueves pasado su experiencia en la red social de Facebook.

No tendría por qué ser una hazaña, que una trabajadora de la salud fuera a hacer sus compras, de no ser por la escalada de violencia verbal y física de la que ahora son objeto no sólo en Chihuahua sino en casi todo el país ante la pandemia del COVID-19.

Tanto nos ha cambiado la vida el coronavirus por el distanciamiento social, el confinamiento domiciliario, la suspensión de actividades comerciales, la incertidumbre de la salud pública y la zozobra económica, que muchas personas le han pasado la factura a los trabajadores del sector salud, como si ellos fueron los culpables o los encargados de propagar el virus.

“Para enchinar la piel”, fue uno de los comentarios que usuarios vertieron en la publicación de la enfermera y resume el choque de visiones. https://www.facebook.com/luna.bencomo/videos/10157371966243031/

Y es que además de darle preferencia para entrar al establecimiento, también ocurrió al pagar y cuando salió una línea de trabajadores de Alsuper comenzó a aplaudirle y darle las gracias por la labor de la enfermería en los hospitales, como se aprecia en el video también compartido por los empleados. https://youtu.be/FTR8087oUnc

Esa profesión, hoy tan vapuleada, a Luna le costó 8 años para tener la oportunidad de trabajar en el IMSS, lo cual ocurrió justo con el inicio de la contingencia en Chihuahua y ella describe como un debate constante entre el amor al trabajo, el miedo y la fe.

Mano dura a agresores

El asunto no es menor. Ya desde finales de marzo, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) llamaba a “evitar actos discriminatorios contra personal médico y de enfermería que atiende casos de COVID-19. A la fecha, acumula 32 denuncias.

Ayer el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) dio a conocer que han sido reportadas en redes sociales, 21 agresiones en 12 entidades, sin embargo, han ocurrido más casos, muchos no denunciados, mientras las comisiones estatales de Derechos Humanos ni siquiera registran quejas formales.

No obstante, de casos aislados a episodios encadenados de violencia, en múltiples partes del país se desquitan con los “ángeles blancos”, quienes han inundado las redes con testimonios del orgullo por su labor y se rehúsan a quitarse el uniforme para transitar como cualquiera en la vía pública sin que los agredan.

De las denuncias se desprende que la mayor incidencia de esa violencia se suscita en la Ciudad de México, Estado de México, San Luis Potosí, Sinaloa, Jalisco, Puebla, Morelos, Coahuila, Guerrero, Quintana Roo, Yucatán, Durango, Veracruz, Colima y Sonora. Medio país.

Esta semana por ello, el tema ha ameritado que algunos gobiernos estatales recrudezcan las sanciones y multas, que van de penas hasta ocho años de cárcel a multas por 26 mil 64 pesos, de acuerdo con información publica por la revista Expansión.

Jalisco, Tlaxcala, Colima, Oaxaca, Yucatán y Sonora son esas entidades, que están aplicando mano dura a esas actitudes sociales. En Chihuahua, el fiscal general César Peniche, declaró en días pasados, que no se tolerará ningún acto de discriminación ni ataque físico contra el personal médico, aunque no precisó las sanciones.

Lo cierto es que poco se destaca que el propio personal de salud es víctima. En el país hay mil 934 profesionales de la salud contagiados por COVID-19, de los cuales, 47% son médicos y 35% personal de enfermería, 15% de otras categorías en hospitales, 2% son laboratoristas y uno por ciento, dentistas, informó este viernes José Luis Alomía, director general de Epidemiología de la Secretaría de Salud.

En el estado de Chihuahua, según Arturo Valenzuela, director médico en la Zona Norte de la Secretaría de Salud, suman 24 casos de personal de salud contagiado por COVID-19 hasta ayer viernes. En su mayoría, médicos y enfermeros.

No son inmunes, menos cuando se ha dado a conocer las carencias de equipo e infraestructura con la que luchan día a día con el virus y la apatía social, de quienes no acatan las medidas de prevención y alientan la propagación de la enfermedad. Aún así, el enojo se vierte en ellos, acaso la deuda histórica de un deficiente sistema de salud en el país.


Murales, serenatas, perifoneo, así como transporte, hospedaje y comida gratis son algunas de las muestras de reconocimiento, a quienes libran su propia batalla diaria / Foto: La Jornada

A opacar minorías

Desde ataques físicos como se han documentado algunos casos de golpes, pedradas y arrojarles cloro, hasta las actitudes duelen al negarles servicios como el uso del transporte público y el ingreso a supermercados, incluso entregas de comida en hospitales (sí ha habido restaurantes, incluso en Chihuahua que se han rehusado a llevarles alimentos).

Por ello, este episodio fue un respiro para Luna, quien con esta experiencia, aparte de disipar sus temores, la abrazaron con sana distancia, con un simple gesto de gratitud colectiva en momentos tan críticos para los trabajadores de la salud, que sobrellevan jornadas extenuantes con el mismo miedo que cualquiera.

Situaciones que en el otro lado de la balanza, se replican de diferentes maneras ya que otra parte de la población –probablemente los más— no sólo reconoce su labor sino que la enaltece; les aplauden en sitios públicos, les llevan serenata a las clínicas, los transportan sin costo, les donan alimentos y hospedaje para que no tengan que ir a sus casas y poner en riesgo a sus familias, y por supuesto las corporaciones policíacas y de auxilio, quienes mejor que nadie entienden su conflicto, hacen perifoneo para agradecerles y que todos escuchen el mensaje.

Este día el periódico Reforma, difunde cómo habitantes del multifamiliar Miguel Alemán, situado frente al Hospital 20 de Noviembre en la Ciudad de México, cada noche con sus celulares aluzan hacia el nosocomio y cantan para agradecer a los “ángeles blancos”.

Se realizó también un mural en la Alcaldía de Magdalena Contreras en la capital del país, donde artistas urbanos plasmaron un homenaje a los trabajadores de la salud que arriesgan su vida para ayudar a pacientes en la lucha contra el coronavirus, como lo publica La Jornada.

De acuerdo con sociólogos, la respuesta ciudadana ante situaciones de incertidumbre y miedo, tiende a radicalizarse. O toman los problemas como retos y frente a la crisis, advierten oportunidades, o se sumen en la construcción de culpables y enemigos, lo cual detona reacciones violentas.

Así ocurrió en la Primera y la Segunda Guerra Mundial, el periodo de la Guerra Fría y hoy por hoy, la pandemia del COVID-19 cumple con los requisitos de un impacto globalizado en el bien más preciado, que es la vida debido a un enemigo invisible, lo cual ha derivado en la amenaza al mecanismo de estabilidad personal y familiar, que aporta el trabajo y el dinero con un factor decisivo de por medio, por cuánto tiempo.

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